La delicada situación económica que enfrentan buena parte de los municipios bonaerenses comenzó a generar iniciativas dentro de la Legislatura provincial para intentar aliviar la presión sobre las finanzas locales.
En ese contexto, la diputada provincial Ayelen Rasquetti junto a otros legisladores del peronismo presentaron proyectos destinados a ampliar las posibilidades de explotación productiva de terrenos ubicados junto a rutas provinciales, incorporando la posibilidad de arrendar banquinas actualmente excluidas por la normativa vigente.
La propuesta surge en un escenario marcado por la caída de la recaudación, la disminución de recursos coparticipables y las crecientes dificultades de los municipios para afrontar gastos corrientes, entre ellos el pago de salarios y aguinaldos.
Vale recordar también que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires acusa al de Javier Milei de deberle más de 12 billones de pesos.
Lo cierto es que, la iniciativa de Rasquetti estipula un Registro de Usufructuarios de Banquinas Municipales con eje en la seguridad vial, ya que plantea que Vialidad bonaerense junto con los organismos competentes en la materia, deberán determinar qué sectores son aptos para sembrar.
La propuesta busca modificar el régimen actual para habilitar el arrendamiento productivo de las banquinas consideradas aptas para actividades agrícolas.
Según los fundamentos del proyecto, la prohibición vigente genera un desaprovechamiento de recursos que podrían transformarse en una herramienta de financiamiento para los gobiernos locales.
En los fundamentos, el proyecto explica que la exclusión de las banquinas genera un desperdicio de recursos productivos, miles de hectáreas lineales de suelo fértil y apto permanecen en un estado de total abandono, desaprovechamiento y ociosidad. La pérdida de chance fiscal se priva de manera sistémica a los municipios de una fuente legítima de recaudación de tasas, cánones o derechos de ocupación derivados de la explotación regulada de estos espacios de dominio público.
Por otro lado, Rasquetti plantea en su escrito que el aprovechamiento regulado y planificado de las áreas de banquinas podría abrir un abanico de posibilidades productivas fundamentales para las economías regionales, e indicó que esos terrenos podrían destinarse a explotaciones agrícolas de baja escala, siembra de forrajes, planes de forestación o parquización, e incluso la instalación controlada de infraestructura de servicios.



















